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ALEXA SE VA DE LA LENGUA

ALEXA SE VA DE LA LENGUA

El Gran Hermano te vigila, este termino se acuñó en la obra de George Orwell 1984 en el cual la sociedad y sus actos eran vigilados desde pantallas que estaba en cualquier lugar de la ciudad, una sociedad que estaba controlado tanto en sus acciones como en sus pensamientos. No es extraño que cuando nació el reality show televisivo Gran Hermano este utilizara dicho nombre y la imagen representativa de un ojo que todo lo ve, para mostrarnos como los concursantes aunque podía hacer sus vidas dentro de una casa, eran observados por cientos de cámaras.
Seguro que a más de uno le ha llegado a sus oídos que nuestros smartphones “nos escuchan” u otros han vivido en sus carnes como estando en su casa hablando de algo después han visto una representación de dicho tema en algún anuncio en la red mientras navegaba con tu terminal. No es baladí cuando nos descargamos una app que esta nos pida permiso para acceder a ciertos requisitos de nuestro smartphone y por ello tenemos que ser conscientes de si lo que aceptamos merece la pena frente a nuestra privacidad.
¿Pero que pasa si confiamos en los niveles de seguridad que presupone una empresa y esta deja vendida nuestra intimidad?

Pues eso se tienen que estar preguntando cientos de poseedores de la conocida IA Alexa de Amazon. Para los que aún no lo sepan y de forma resumida, Alexa es la versión de Amazon de inteligencia virtual con forma de altavoz que está a nuestro servicio para resolver nuestras peticiones.
Al parecer un cliente de la división alemana de la compañía solicitó a la empresas que se le cedieran los datos que habían recogido sobre él (algo que es posible hacer). El problema surgió cuando tiempo después no solo recibió los archivos que había pedido anteriormente, si no, que también le llegó a su correo más de 1600 archivos WAV que no reconoció como suyos, así como, un archivo PDF con conversaciones perfectamente recogidas de forma cronológica. No solo se llevó la sorpresa al recibir tantos datos de gente que no conocía, lo más extraño de todo es que ni siquiera él era un usuario de Alexa. Los archivos de audio han sido verificados para comprobar su autenticidad y se ha podido “ver” que estos eran conversaciones en momentos íntimos de un usuario extranjero  y que además hasta se ha logrado localizar en que puntos de la casa se originaban las conversaciones, pasando de ser el cuarto de baño o incluso el dormitorio. Para más inri se sabe incluso el nombre de este usuario del que ha salido la grabación de su dispositivo, así también, “por culpa” de las verificaciones del tiempo se ha podido triangular su localización.
Os estaréis preguntando ¿cómo es posible esto? Pues Alexa y cualquier otro dispositivo de similares características “escuchan” lo que se habla en su entorno para aprender y mejorar, de esta forma cada vez son mas eficientes en las preguntas que sus usuarios les formulan; el problema viene dado cuando estas conversaciones que se supone que están protegidas mediante férreas medidas de seguridad se filtran fácilmente.

ALEXA “CEDE” 1700 ARCHIVOS DE AUDIOS QUE RECOGÍAN CONVERSACIONES PRIVADAS EN DIFERENTES PUNTOS DE SU HOGAR DE UN CLIENTE ECHO A UN USUARIO AJENO A ELLOS.

Amazon le ha quitado hierro al asunto asegurando que es algo aislado y aludiendo a un error humano por encima del informático, aun así, aseguran que una vez localizado el error han aumentado las medidas de seguridad. Aún con todo no es la primera vez que ha sucedido algo de estas características y ya en el pasado Amazon filtró una conversación de una pareja en su casa, pro lo cual habría que estar pendiente de que tipo de medidas de seguridad son las que aumentan. Por contra y como disculpa a ese cliente al que se le ha filtrado sin que él quisiera su intimidad, Amazon le ha regalado dos altavoces Echo y una cuenta gratuita Prime. Habría que ver si dicho cliente está contento con la disculpa que le ha remitido Amazon ante un caso tan flagrante de violación de su intimidad y siendo como se toman (y con razón) en Europa la confidencialidad de datos, si el usuario quisiera podría demandar a la empresa y que a esta le saliera por un ojo de la cara.
Por lo tanto no es extraño que muchos “apaguen” sus cámaras de portátil o smartphone con una pequeña pegatina pero ¿cómo abordar las grabaciones? El Gran Hermano ya no solo nos observa, también nos escucha.